Año tras año, miles se suman a la aventura, desafían los límites físicos y mentales e intentan lo que pocos lograron. El resultado es casi siempre equivalente para la mayoría de los participantes: no pueden completar la tarea. La meta de la “Tough Guy Competition”, la carrera más feroz y exigente del mundo, es un terreno poco conquistado por los aventureros atletas.

A 30 años de su nacimiento, la competencia que aúna al deporte con diversas pruebas de supervivencia es una tentación para quienes deseen elevar la vara que imponen las más duras maratones o certámenes de triatlón. No sobresale por la extensión, ya que son apenas 15 kilómetros -considerando las capacidades que soportan los atletas en otras de mayor duración-, sino por los escollos que decoran el camino.

Atravesar fosas de hasta seis metros de profundidad llenas de agua helada o lodo, escalar troncos de árboles, arrastrarse por túneles subterráneos diminutos, pasar bajo alambres de púas y saltar a través de imponentes hogueras son pasos obligatorios. En total, son 32 obstáculos. Ya desde la salida se debe bajar de una sinuosa pendiente de una colina. El recorrido es casi íntegramente de barro, aunque en algunos trechos prevalece el césped.

Por si los obstáculos propuestos no fuesen suficientemente complicados de sobrepasar, el extremo circuito se desarrolla en pleno invierno, de manera que las bajas temperaturas y la lluvia le dan un grado más de dificultad para los valientes participantes. En este marco, aproximadamente un tercio de los competidores abandona.

Las lesiones son una consecuencia frecuente. Cortes, heridas, claustrofobia, quemaduras, descargas eléctricas, deshidratación y hasta rotura de huesos, son algunas que se repitieron en ediciones anteriores. Por ello, al inscribirse se firma un documento en el que se declara conocer y asumir los riesgos que conlleva formar parte, eximiendo de toda responsabilidad a los organizadores. En la edición del año 2000, un participante de 44 años murió tras sufrir una grave hipotermia y un ataque al corazón.

El lugar donde se celebra también es peculiar: se desarrolla en una finca especialmente preparada en Perton, Staffordshire; muy cerca de Wolverhampton (Inglaterra). El dinero reunido con las cuotas que pagan los aspirantes no se destina a premios para los ganadores, sino que se convierte en un generoso donativo con fines benéficos.

Al final, las piernas ya casi no responden. Los tramos con una superficie adecuada para correr se transitan caminando. Cada año se proclama un vencedor, lo que no significa que haya finalizado la prueba de una manera digna. Desde la organización sostienen que nadie consiguió atravesar todos los obstáculos correctamente, por lo que nunca hubo un ganador con todas las letras. En la edición 2017 concurrieron alrededor de 5.000 personas, provenientes de 42 nacionalidades.

El fundador y ex militar británico Billy Wilson señaló que la Tough Guy es para “aquellos deportistas para los que un maratón o triatlón ya no son retos suficientes, los superan sistemáticamente un año tras otro y necesitan nuevos objetivos. Personas que hacen deporte regularmente en equipo y quieren pasar un día de diversión y experiencia extrema en camaradería con sus compañeros”.

“El vivir en un mundo donde todo está regulado, y las emociones se limitan a ver quién gana el partido del domingo con los amigos, puede hacernos querer sentir nuestro cuerpo y nuestra mente al límite. Las endorfinas se activan, y uno se siente vivo y contento de seguir manteniendo un ápice de combatividad y superación personal. Es una experiencia que te cambia la vida”, añadió Wilson.