Si ves la imagen con atención, es realmente conmovedora. Un grupo de personas, que comparte la misma condición, avanza hacia su tragedia. Para el espectador de esta obra, el resultado es obvio. No lo es para los protagonistas. Seguramente el segundo de pronto siente que el primero suelta el palo y grita, pero no deja de tirar al que viene atrás. Entonces el segundo que de pronto es primero, cae también. Y el ciclo se repite.

Llevo más de 15 años participando en el liderazgo de adolescentes, empezando en la Iglesia Bautista de Ituzaingó (comunidad de fe de la que ya no formo parte pero que amo profundamente) como escuela Premium y base de desarrollo, y en diferentes asociaciones y entidades del mundo cristiano evangélico hasta hoy. Para el que no entiende del paño, ser líder es, para definir de alguna manera, ser una “Persona que acompaña o guía a Personas para alcanzar un Propósito”. Ese propósito está dado según el contexto, puede ser una meta deportiva, un objetivo comercial, o en estos casos avanzar lo mejor posible a la siguiente etapa, tener contención y compañía para afrontar las crisis, y dar un ejemplo real de que se pueden tomar buenas decisiones, y que también se puede aprender de las malas. En el mundo de la iglesia cristiana, como cristianos, el liderazgo es en su máxima expresión ayudar a otros a dar el siguiente paso en parecernos a quien es nuestro ejemplo máximo de líder e inspiración, Jesucristo. Pero en un sentido amplio, es mas que sus contextos de realizacion, no es privativo de ningún rubro, ni de ningún espacio físico o temporal. En toda la historia hubo líderes, los hay naturales, los hay burocráticos, los hay por investidura, los hay positivos, los hay negativos, de muchos tipos, los hay. Personas que consiguen que otras personas las observen y las sigan hay por todos lados. A veces para sumar, a veces para dividir. Líderes, en fin.

Poco antes de mis 18 años, la función me encontró a mi, y como siempre hago con las cosas que me interesan, me lancé a hacer mi propia investigación. En estos años he leído decenas de libros, he asistido a cursos, talleres, y conferencias que profundizan sobre el tema. He podido conocer y hasta formar amistad con personas que desde mi propia adolescencia considero líderes, que me inspiraron y con el tiempo me mostraron sus cartas, nada secreto, el resultado del amor y la dedicación a otros. Asi fui descubriendo que liderar, para mí, es más simple que las decenas de definiciones que circulan por el mundo, es amar y acompañar a personas que están dispuestas a dejarse amar y acompañar, no para beneficio del líder, sino propio.

En estos años, descubrí pasión por acompañar, en específico a los adolescentes. Siento una compasión especial, porque de alguna manera me sentí muy sólo en ese tiempo, no por falta de amor o acompañamiento de mis padres, sino por una característica típica de la etapa, que es distanciarse de aquellos en busca de desarrollar la propia independencia, que conlleva una distancia de los adultos y una cercanía creciente a un grupo que probablemente está en la misma situación, con las mismas crisis, las mismas dudas. En el mundo de la iglesia evangélica, como en otras agrupaciones, los adolescentes acceden a relaciones con adultos que no son sus padres, y que por su condición de adultos, tampoco son sus pares; y han, en general y según el manual, superado progresivamente esa etapa. Después de tantos años y tantas experiencias y tantas lecturas y capacitaciones, no podría decir que estoy acreditado para cualquier cosa. No podría decir que cualquiera podría servirse de mi experiencia. En cada situación, tanteo si cumplo con la condición: estar un paso o dos adelante, saber de que me hablan, entender el sufrimiento, contar con algún recurso para proponer. Cuando soy el que escucha y no soy el indicado, gracias a Dios sé de algunos para llamar. No se hiere mi ego ni me siento menos. No tengo ambición de saber las porquerías de nadie. No quiero ostentar el trofeo de tener la confianza de la gente como una vanagloria personal, como lo sentía quizás una década atrás. Yo quiero ayudar.

Un día Jesús, en la Biblia, retó duramente a los “líderes” de la comunidad judía, los llamados fariseos. En Mateo 23 los acusa de ponerle pesadas cargas a la gente que ni ellos llevaban, de no saber distinguir lo importante de lo secundario, de fingir lo que no viven, de mostrarse limpios cuando en realidad están llenos de muerte (sepulcros blanqueados). Un par de veces los llama ciegos. En Mateo 15.14 lo dice bien claro y punzante: “Ciegos guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el pozo”.

Descubrí esto: todos somos un poco ciegos. Somos ciegos a la vida, a las etapas. Somos ciegos a las experiencias nuevas, las buenas, las malas, todas. Hace 5 años empecé ciego mi matrimonio, y ya voy viendo un poquito. Hace 8 meses empecé ciego mi experiencia como papá, y algo se distingue ahora, pero falta. No sé lo que es un hijo en la escuela, no sé lo que es un hijo adolescente, menos adulto. Hay una infinidad de cosas que no sabía, y que aún no sé. Gracias a Dios, tengo a mano guías para mis cegueras de la vida, pero que bueno que no son ciegos, porque si están en la misma condición que yo, y lo que dijo Jesús más arriba es cierto, podemos terminar mal ambos, aunque acompañados.

Para guiar, hay que ver. Y no es obvio en la praxis, he visto mucho. También he sido bastante. He aprendido de mis propios errores para no ser un líder egoísta, negativo, o avasallante. Cuando lo fui, no lo sabía. Cuando lo supe, lo quise cambiar. Miro para atrás, y estoy agradecido por haberme despojado de tantos vicios, y me esperanzo para seguir aprendiendo.

A veces las comunidades de fe, como las empresas o los clubes de fútbol, no saben qué es un líder, y qué tipo de líder esperan. Entonces conviven en el mismo espacio personas que están acompañando, personas que quieren reconocimiento, personas que están entreteniéndose, incluso personas que están evadiendo su propia ceguera enfocándose en la ceguera de otros. Como cuando Jesús decía que nos cuidemos de ver lo malo en los demás, porque quizás lo malo en nosotros sea mucho más grande.

Demos ejemplos. Solteros a cargo de grupos de matrimonios, que ya no quieren saber más nada con la iglesia porque un pastor los mando a las llamas, y aceptaron quemarse. Matrimonios que a kilómetros no funcionan pero que se postulan o aceptan la postulación para guiar a matrimonios en crisis. Líderes de adolescentes que son más adolescentes que sus adolescentes. Lideres que basan su liderazgo en rodearse de un grupo de obsecuentes que compraron el discurso que dice que todo lo que sale mal es por culpa de otros que no apoyan, o que directamente quieren su perjuicio. Líderes que exprimen los sueños de las personas que les confiaron su tiempo y recursos. Líderes que vienen a un lugar donde hay gente (como Colón, que no descubrió América, que ya la habían descubierto muchísimos siglos antes los que la habitaban) y quieren ser los fundadores, desterrando lo que hay sin consideración. Líderes que se guardan el elogio porque sienten que pierden algo y no quieren ver crecer y obtener reconocimiento a sus liderados. Líderes que llegan y antes de preguntar qué están haciendo los que ya estaban, dicen “ahora vamos a hacer así”. Que hablan de la gente que estaba en la reunión cuando ya terminó la reunión y no están todos. Personas que se ganan un lugarcito de autoridad en un pequeño espacio donde todos se los tienen que tragar sin saber cómo sacárselos de encima, aunque en ningún otro lugar, por sus modos o por sus carencias, podrían conseguir el aval de la gente. Líderes que no dejan crecer, que no dan oportunidades, que no aplauden los logros, que absorben y persiguen porque lo que quieren es recibir protagonismo más que inspirar crecimiento. Personas que le dicen a otro “contame” y luego de recibir la confianza más extrema, se animan a esbozar un “para mí…” y decir cualquier cosa, porque es gratis. Personas que te miran desde un lugar de altura y superación, que respiran profundo y buscan la excitante posibilidad de decirle a otros lo que tienen que hacer.

Tengo que decir más alto algo que siempre digo en mis círculos íntimos. Ya sé por qué en especial los adolescentes son tan atractivos para tantas personas que aspiran a liderarlos. Los niños requieren una atención que retribuyen con abrazos, besos, dibujos, y algunas palabras, pero que nunca resulta en un intercambio más o menos parejo con los adultos que los lideran (maestros, padres, etc). En cambio los adolescentes ofrecen la posibilidad de intercambiar, de conversar, de encontrar satisfacción en la relación, de reírse, de tomar mate, jugar al fútbol, a la play, ir al cine, comentar música, hacer cientas de cosas que permiten cierta devolución a los adultos con los que se relacionan, sumada su audacia y creatividad. Pero hay una diferencia: todavía no tienen el criterio suficiente como para discernir lo que reciben, son accesibles, no siempre perciben las sutilezas, son más fáciles de seducir. Con los adultos, todo lo anterior existe, pero no es posible chamuyar tan fácil. Es más fácil que un adulto perciba la manipulación o la improvisación. Ya en el colegio cargábamos al que se enganchaba una chica mucho menor, con términos graciosos como “robacunas”, con el diagnóstico de que buscan lo fácil, porque a alguien de la misma edad, y menos a una mayor, no la podrían convencer con tan pobres argumentos.

Los adolescentes son geniales. Ya lo sabemos todos. Pero ese no es el punto

Todo el que quiera ser líder de alguien, tiene que preguntarse acerca de su motivación. Tiene que mirarse a sí mismo para ver qué es lo que mueve su voluntad. Busca fama? Busca novia? Busca compañía? Busca poder? Busca manipular? O algunas buenas, como amar, acompañar, asistir, ayudar, sostener, contener, etc?

Pero definitivamente, el siguiente paso, es “des-cegarse”. O saber que somos el ciego en tantas cosas, que en las mismas no podemos conducir a nadie, todavía necesitamos conducción. Quizás si mi matrimonio no funciona, me resulte mucho más entretenido decirle a otro matrimonio 10 minutos más joven lo que tiene que hacer, antes que sentarme en la mesa con mi esposa a resolver lo nuestro. Quizás prefiera tener personas que dependan de mí, porque ello me haga sentir importante y necesitado, y quién no quiere ser importante y necesitado? Charlé con decenas de chicos mal aconsejados por adultos que eran ciegos en el asunto, pero que prefirieron decirles sus “para mí” y tener el premio de la confianza y la relación asimétrica antes que soltar o decir no sé, o decir “te recomiendo hablar con otra persona”. Lo triste, es que ese egoísmo pone deliberadamente a una persona necesitante, herida, confundida o lo que sea a escuchar divagues, y a tomar decisiones que profundizan su malestar. O en el mejor de los casos, les roba tiempo.

Nadie está totalmente calificado. Nadie se las sabe todas. Ser viejo no es ser sabio, porque la sabiduría no es la experiencia, es lo que aprendimos de ella. Sabiduría es experiencia evaluada. Tener la posición no resulta en tener todas las respuestas. Liderar a alguien es el resultado de estar en movimiento, de ser liderado por otro, de ir des-cegándose en las experiencia de la vida y ponerlas a disposición de otro que viene atrás. Es tan apasionante y tan importante, que merece cuidado.

Como quiero vivir y crecer y aprender, hoy soy menos ciego que ayer, pero más que mañana. Bienvenidas las experiencias que están adelante para abrir un poco más los ojos en cosas que hoy no puedo ver. Inmediatamente estarán a disposición del que quiera, como cuando escucho una banda que me encantó, vi una peli que me voló la cabeza, o fui a un lugar que me gustaría que la gente que quiero pueda conocer.

Tengo un pedido para mis amigos y guías que no son de los ciegos, manténganme despierto. No quiero convertirme en ninguno de esos que cité arriba, o no serlo más. Es tal la responsabilidad de tener la confianza de alguien que siempre quiero honrarla, porque a medida que me despojo de las malas yerbas del oficio, me siento cada vez más feliz con la posibilidad de poder ayudar a alguien, si puedo, y nada más. De eso se trata, de servir. De amar al prójimo como a uno mismo. De decirle al mundo, o lo mismo, decirle al que está al lado, yo-acá-presente, contás conmigo.

Volvé a mirar la imagen del cuadro de Brueghel. Me encanta viajar, me encantan los museos. Espero ver esta pintura algún dia, live. En el último vistazo, pensé que si uno de ellos pudiera ver, el destino de todos los que vienen atrás sería otro.

Bueno, suficiente por hoy. Esto está re mal redactado, no reviso nada, hice este blog para escupir y practicar, no ganarme un premio. Eso! Escupí. Como una llama prendida fuego (que ironía una llama en llamas). Como me dijo un señor concheto de unos 50 años en una feria gastronómica de San Isidro al atropellarme, les digo a todos: Sory.

“Si alguien aspira al cargo de líder (paráfrasis mía, dice obispo, pero apunta a un líder), a algo noble aspira. Pero que sea irreprochable, sobrio, prudente, apto para enseñar, no avaricioso”. 1 Timoteo 3

Fuente: https://yoacapresente.tumblr.com/