Una investigación llevada a cabo a lo largo de 45 años, para la que se observó el desarrollo de niños que luego se convirtieron en jóvenes adultos, reveló verdades y derribó mitos acerca de los infantes y jóvenes que desarrollan un coeficiente intelectual mayor al del promedio.

El trabajo fue liderado por Julian Stanley, un psicólogo estadounidense que desarrolló gran parte de su carrera en el campo de los “superdotados”. Fue así que decidió comenzar a estudiar a los niños que poseen una inteligencia superior a la del resto. Pasaron más de 45 años y junto con un equipo de colegas trabajó arduamente para descubrir el comportamiento y estilo de vida de estas personas.

“Nunca hay que olvidar que los chicos con inteligencia superior son personas que tienen los mismos problemas que cualquier otro niño y que además tienen que saber manejar la expectativa que el mundo tiene sobre ellos”, afirmó en diálogo con Infobae la licenciada Silvia Feitelevich, psicoanalista y miembro titular de APA (MN 10943).

El psicólogo y creador del estudio falleció en el año 2000, dejando a cargo a uno de sus colegas, David Lubinski, quien finalizó el trabajo y llegó a unas conclusiones muy esclarecedoras.

Una de las primeras afirmaciones del estudio es que no es dañino ser ser un niño genio. Antes existía una concepción de que potenciar la inteligencia desde pequeños podía causarles daño a largo plazo.

Otra de las grandes conclusiones a las que llegó el estudio es que hay diferentes formas de ser intelectual. La investigación descubrió que si bien hay personas con altos coeficientes que terminan siendo excelentes científicos, también hay otros que se desempeñan en diferentes campos, como el de las letras, la psicología, la abogacía, e incluso el arte. Esto dejó de lado la creencia popular de que los pequeños superdotados deben ser únicamente grandes científicos.

“No todos los niños superdotados son iguales, como ocurre con el resto de las personas, son diferentes; esas diferencias quizás no son valoradas socialmente como otros chicos, sino que adquieren conocimiento fácilmente, pero no es necesario que estén destinados a encasillarse a una profesión, sino que pueden ser lo que deseen, artistas o matemático”, declaró la psicoanalista.

Una de las aristas que cubre el estudio ahonda sobre la importancia de que estos niños tengan un trabajo para poder volcar todos los conocimientos que constantemente siguen aprendiendo, y así lograr un mejor rendimiento de su coeficiente intelectual.

Los psicólogos también derribaron la creencia de que al ser superdotado, todo les resulta fácil, dejando en claro que las personas con este tipo de inteligencia tienen que luchar al igual que el resto por lo que se proponen.

“Habrá casos en que los chicos con inteligencia superior al resto necesiten un acompañamiento profesional y otros casos sean los padres los que requieran de esto”, contestó la especialista acerca de si es necesario contar con ayuda profesional debido a las expectativas y presión social que tienen las personas con un coeficiente intelectual.

La profesional también mencionó la importancia de que el colegio, la secundaria o cualquier institución que reciba a alguien de estas características debe estar preparado para poder incluirlo ya que muchas veces estos niños sufren discriminación de algún tipo. “El tema es cómo se trabaja con las diferencias ya que vivimos en un mundo en donde esas diferencias lamentablemente pesan y así se discrimina de un lado u otro”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a una persona superdotada como aquella que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130 y puede ir modificándose a lo largo de la vida de estas personas.