1 Lima. Cena con un chef top
La calle Pedro de Osma, en Barranco, reúne a dos figuras del Perú for export: el fotógrafo Mario Testino y el chef Virgilio Martínez Véliz. A media cuadra del Museo MATE -donde se exhiben fotografías de Kate Moss y Lady Di- está Central, una de las mejores mesas del mundo. Martínez es una de las estrellas del auge gastronómico peruano y su local ocupa desde hace varios años los peldaños más altos de los World’s 50 Best Restaurants. Este año Central logró el sexto lugar a nivel mundial y es el restaurante mejor posicionado de América latina. A su vez Virgilio Martínez recibió de sus pares, en 2017, el Chef’s Choice: en otras palabras lo votaron como el mejor de entre todos ellos. Y su caso no es aislado. Lima es la meca del buen comer en el continente, gracias a una movida lanzada por Gastón Acurio hace algunos años. Luego llegó la fusión peruano-japonesa, simbolizada por Mitsuharu Tsumara en su local Maido, y se actualizaron algunos clásicos como La Rosa Náutica, construida sobre pilotes por encima de las olas del Pacífico.

La capital peruana es un destino de alta cocina de alcance mundial. Además de celebrar las mesas de los chefs más votados, se recomienda visitar la Casa de la Gastronomía Peruana (a pasos de la Plaza de Armas) y los mercados de barrio para conocer el secreto de los grandes cocineros: ingredientes de altísima calidad producidos de manera tradicional en las distintas regiones del Perú.Central está en Avenida Pedro de Osma 301, en Barranco al sur de Lima. Abre de 12.45 a 13.30 y de 19.45 a 20.30 de lunes a sábados. Un menú degustación de 16 pasos cuesta US$ 180 por persona. Las reservas se hacen con varias semanas de antelación, a reservas@centralrestaurante.com.pe.

2 En la Puna. A bordo de un tren de lujo
El Belmond Andean Explorer cruza la puna peruana y transita por uno de los ramales más altos del mundo, entre Cuzco y Arequipa. Es la única experiencia para viajar y dormir a bordo de un tren de lujo en América latina. La travesía es un híbrido del refinamiento y la elegancia de la belle époque europea con la autenticidad de los paisajes y civilizaciones andinas. El viaje puede empezar en Arequipa o en Cuzco, según los días de la semana, pero dura siempre tres jornadas y dos noches. Si se sale desde Cuzco, la primera etapa se realiza en el sitio arqueológico de Raqshi. Las imponentes murallas de su templo recuerdan que fue la ciudad de verano para el Inca y su corte. Las vías remontan luego el valle del río Vilcanota hasta llegar al pie del Nevado de Chimboya, por un paso a más de 4300 metros de altura. La segunda jornada se dedica principalmente a una excursión lacustre sobre el lago Titicaca y sus islas. El tercer día permite conocer las cuevas de Sumbay, con pinturas rupestres dejadas por los primeros habitantes del actual Perú. Cada camarote una tiene baño propio y calefacción para enfrentar el clima extremo de la puna.

En el vagón de cola del tren hay un bar con una terraza panorámica: desde allí se sacan las mejores fotos de los pueblos y paisajes del viaje.Cada camarote ocupa medio vagón. No puede haber más de 40 pasajeros por vez a bordo del tren. Por las noches, el tren se detiene en la estación de Puno y en un paraje de la puna. Las comidas están incluidas, al igual que cócteles y las meriendas. Por la altura, hay un servicio de oxígeno y servicio de enfermería. La llegada a la estación terminal se hace por la tarde e incluye un city tour. A partir de US$ 4150 por cabina para dos personas. perurail.com

3 Arequipa. La casa de Vargas Llosa
De dos cosas se jacta el Perú: su comida y su literatura. Ambos tienen sus museos en el centro de Lima. El de las Letras se levanta en un edificio que fue originalmente una estación de ferrocarril. Entretanto en Arequipa transformaron la casa natal del premio Nobel Mario Vargas Llosa en un museo interactivo. Se trata de una casa de clase media, de dos pisos, en el centro de la Ciudad Blanca. Estuvo deshabitada durante varios años hasta reconvertirse en atracción turística y memorial sobre la vida y la obra del novelista. Vargas Llosa nació entre esas paredes en 1936 pero vivió solamente unos pocos años, hasta que su familia se instaló en Cochabamba, Bolivia.

El museo no tiene tantos visitantes como cabría esperar pero la muestra es muy moderna y completa, con una importante biblioteca, numerosos documentos y fotografías. Durante la visita hay varios hologramas del autor y también videos para trazar la historia de su vida y escritos. Él donó parte de sus archivos y varios recuerdos que se aprecian en la casa-museo. Otras atracciones de Arequipa son el Monasterio de Santa Catalina y la Catedral.La casa museo de Mario Vargas Llosa está en Avenida Parra 101. A pesar de la importancia de Vargas Llosa en las letras sudamericanas, la casa no suele figurar entre los atractivos promocionados en la ciudad y su región. Durante una estadía en Arequipa no hay que dejar de pasar por una picantería (así se llaman los restaurantes populares de platos abundantes) para probar sopas y rocotos rellenos con picadillo de carne y queso. La Nueva Palomino es una de ellas. Está ambientada como a principios de siglo XX y elabora parte de los platos a la vista. En Leoncio Prado 122.

4 Valle Sagrado. Dormir colgado a 400 m
El Valle Sagrado de los incas se extiende por el cauce del río Urubamba entre Chinchero y Ollantaytambo, al norte de Cuzco. Era el corazón del imperio y de la civilización de los incas. Pero también es una de las regiones más atractivas de Perú, con pueblos andinos donde sobrevivieron rasgos de antiguas culturas y las ruinas de complejos arqueológicos. En la región hay alojamientos para todos los bolsillos, desde posadas y pensiones económicas hasta complejos de lujo. La opción más extrema es un conjunto de cápsulas de paredes de vidrio colgadas a 400 metros de altura, sobre la montaña entre Urubamba y Ollantaytambo. Estos skylodges son accesibles por una vía ferrata, por la cual los huéspedes suben con el asesoramiento del personal. No hace falta tener conocimientos en escalada para acceder a las cápsulas y los que no se animan a subir con sogas pueden optar por un camino de montaña. Claro, no es una opción para los que sufren de vértigo porque el habitáculo es totalmente vidriado y las vistas son vertiginosas, desde la cama misma. Cada unidad tiene su baño y hay una cápsula comedor.

Luego del pernocte, se baja a tierra por una tirolesa. Cada skylodge puede recibir hasta cuatro personas.El Skylodge Adventure Suites del Valle Sagrado tiene tres módulos-habitaciones y un restaurante. Sus estructuras son de aluminio y policarbonato de alta resistencia. Cada cápsula mide 7,5 m de largo x 2,6 m de alto y de ancho. La entrada a cada módulo es por una escotilla en la parte superior de cada unidad. El servicio de alojamiento incluye el transporte desde Cuzco, el uso de los equipos de escalada, el acompañamiento de guías, la cena y el desayuno. Cuesta US$ 440 por persona, por noche. naturavive.com

5 En Kuélap. El otro Machu Picchu
Este sitio arqueológico está en el norte del país y es una fortaleza en algunos aspectos aún más llamativa que Machu Picchu. La construyeron los chachapoyas, que extendieron sus dominios por el norte de Perú y el sur de Colombia. Fue un importante centro de poder construido a lo largo de varios siglos sobre distintos niveles de relieve. Se levanta a 3000 metros de altura en las montañas y lo forman varios centenares de construcciones, entre grandes edificios y unidades habitacionales. Al igual que Machu Picchu, el sitio fue olvidado durante varios siglos, luego de la masacre que puso fin a la civilización de Kuélap. Las ruinas fueron reencontradas a mediados del siglo XIX pero no fueron estudiadas hasta los años 30, gracias a una expedición franco-norteamericana.

Durante años el sitio fue de muy difícil acceso, reservado a un puñado de aventureros y a misiones científicas. Pero desde hace poco tiempo, se hicieron obras y ahora se llega a bordo de telecabinas por encima de la selva. Se espera que Kuélap se convierta así en uno de los mayores atractivos del país. Durante la visita se recorren las ruinas, extendidas sobre varias hectáreas y protegidas por murallas que todavía alcanzan 20 metros de altura. Los chachapoyas desarrollaron una cultura preincaica entre el siglo IX y mediados del siglo XVI.

Para llegar a Kuélap hay que volar hasta la ciudad de Jaén (una hora y media de avión desde Lima) y luego alcanzar Chachapoyas por ruta luego de un viaje de cuatro horas. El trayecto de las telecabinas dura 20 minutos y cuesta US$ 6. La entrada a las ruinas está a un km de distancia. El sitio abre de 8 a 17 y la entrada cuesta US$ 3,50.