El dueño de la Luna vive en Oregon, en la costa oeste de Estados Unidos. Le pedí una entrevista y estoy a punto de conocerlo: en mi casa de Villa Ortúzar espero por Christopher Lamar en la pantalla de mi computadora. A la hora combinada, en punto, un hombre de cachetes generosos y canas al ras de unos cincuenta y tantos sonríe antes de hablarme. A sus espaldas se adivina, tras un gran ventanal, un pequeño jardín. Hoy el dueño de la Luna atiende desde casa y por Skype.

Christopher Lamar es el CEO desde 2014 de Lunar Embassy, la empresa que vende lotes en la Luna desde 1980. Entonces no existía Internet y la venta era cara a cara, en los centros comerciales. Dennis Hope, el creador del negocio, iba y ofrecía “un regalo de Navidad único”. Dice haber vendido en esos días 600 propiedades en dos semanas. Entonces Lunar Embassy se llamaba de otra manera y se inventaba en Gardnerville, un pueblo de Nevada.

A poco más de diez años de la llegada del hombre a la Luna en 1969, unos tantos más desde que la Unión Soviética lanzara en 1957 el primer satélite artificial de la historia al espacio, el Sputnik 1, y con la carrera por la conquista del espacio ya con algunos resultados puestos, un deprimidísimo Dennis Hope conducía su auto por una calle de su pueblo. Se había divorciado y, en palabras de Lamar: “No sabía qué hacer, qué sería de su vida. Y tuvo una epifanía: pensaba que si tuviera muchas propiedades las cosas serían más llevaderas para él. Mientras esperaba en un semáforo miró por la ventana y estaba la Luna. Luna llena. Y pensó: ‘Ahí hay un montón de propiedades'”.

El 27 de enero de 1967 la Asamblea General de las Naciones Unidas firmó el “Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes”, conocido a secas como Tratado del Espacio. El artículo 2 dice que “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”. Nada dice, pensó Hope, sobre los individuos.

Entonces Hope escribió tres cartas: a la Organización de las Naciones Unidas, al gobierno estadounidense y al soviético. En todas pedía lo mismo: reclamaba la propiedad de la Luna.

No dijeron que sí, pero tampoco dijeron que no. Desde 1980 ha vendido lotes en la luna a más de 6 millones de personas.

Las opciones de compra van desde 1 acre por 24 dólares -poco más de 4000 metros, algo así como media manzana- a 20 acres. Por 2,50 dólares más se puede agregar el nombre al título de propiedad. El comprador recibe el certificado, un mapa fotográfico del terreno y cuando estás por pagar, como la serpentina de glucosa maquiavélica de la cadena de farmacias porteña, Lunar Embassy te tienta con el pasaporte extraterrestre por 21,99 dólares más.

—¿Cuántos lotes quedan por vender?

—Muchísimos. Y eso que algunas áreas no están a la venta porque son monumentos nacionales, otras son parques de reserva y otras son áreas de investigación.

—¿Monumentos nacionales?

—Sí, las áreas donde hombres o máquinas han estado son monumentos nacionales.

—¿Qué zonas son las más buscadas?

—Las que están prohibidas y no están a la venta. Pero si alguien quiere elegir su ubicación puede hacerlo si su compra es de 5380 acres o más. Puede elegir siempre y cuando no sea en un área de reserva.

Según la web, “el sitio del aterrizaje del Apolo 11, así como el cráter en la Luna en el que aparentemente se ha encontrado agua, pero aún no se ha confirmado” no están a la venta porque “sería irresponsable que la Embajada Lunar vendiera estas áreas históricas y recursos naturales únicos”.

Por estos días hay una promo: para celebrar el 50° aniversario de la llegada del Apolo 11 a la Luna, si comprás un lote antes del 21 de julio te llevás otro a mitad de precio.

—¿Por qué compramos algo que no podemos tener?

—Hay muchas razones. Si bien no puedo hablar en nombre de todas, la esperanza es un común denominador. La esperanza de un futuro, la eventual posibilidad de estar allí.

Antes de asumir como CEO –Celestial Executive Officer, no Chief Executive Officer-, Lamar trabajó en bancos y en bienes raíces. Antes de hacerse de la Luna, Hope fue ventrílocuo. Le vendieron lotes a John Travolta, los Tom, Hanks y Cruise, George Lucas y Clint Eastwood. Asesores de los presidentes Ronald Reagan y George Bush compraron terrenos para sus jefes. ¿Argentinos? Lamar dice no tener datos discriminados por país. Luciano Giugno, el mediático primo de Marcelo Tinelli conocido como El Tirri, compró 4 acres “en el lado de la Luna que tiene vista a la Tierra”, dijo en un almuerzo de Mirtha Legrand en 2016. Y mostró su pasaporte de la embajada lunar.

—24 dólares un acre.

—Con los gastos de envío, sí.

—¿No es muy barato?

—No, no es muy barato. Porque la misión que tenemos como organización… voy al inicio: el Tratado Espacial de 1967 ratificado por la mayoría de los países del mundo dice que ningún gobierno puede arrogarse ser dueño de nada del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes. Pero no habla de individuos. Lo que sí dice es que debe ser para el bien de la humanidad. Entonces nosotros, la Embajada Lunar, somos ese vehículo que expresa la verdadera intención del tratado. Todo ser humano debería tener al menos 1 acre. Todos tenemos que poder tener la voz de decidir qué pasará en la Luna en el futuro. Corporaciones y gobiernos harán descensos y dividirán la luna ellos para su poder. Nosotros queremos tener voz. Si cobro más por estos terrenos no serían accesibles para todos.

—¿Por qué debería comprarle a Lunar Embassy y no a Moon Estates (empresa inglesa que también vende terrenos)?

—Moon Estates era un embajador nuestro. El programa de embajadores les da un territorio exclusivo para vender, un embajador es el representante de esa área. Moon Estates empezó a vender parcelas por fuera de su área, rompiendo su contrato. Un fraude. Tenemos varios imitadores que fueron nuestros embajadores. Somos los únicos dueños.

Lunarland, Lunar Registry, Moon Property, Buy Mars, Amazing Gift Company son algunos de los que Lamar llama imitadores y los considera fraudes, como le dijeron a Hope varias veces. “Fui llamado corrupto, fraude también. Sólo tuve una idea y la seguí”, dijo al periódico New York Times en 2013. Quise hablar con él, pero Michelle, la secretaria de Lamar, me dijo que sólo da charlas pagas. Las entrevistas son cosa ahora del CEO.

La NASA proyecta volver a llevar astronautas a la Luna en 2024. Estados Unidos busca hacer base allí para llegar a Marte. El nuevo programa se llama Artemisa y la idea original era volver en 2028, pero en el medio está Trump y adelantó la meta cuatro años.

—Hablan de presencia humana en la Luna. ¿Qué pasará con los terrenos?

—Dijeron un montón de cosas a lo largo de los años. Dijeron que volverían a la Luna muchas veces y jamás lo hicieron. Veremos si esta vez se cumple. Nosotros apoyamos la investigación y que haya agencias en todo el mundo que hacen exploración con fines científicos. Van tratan de entender, están construyendo conocimiento.

Para esta nueva etapa en la carrera espacial, la NASA se asoció con empresas como SpaceX, de Elon Musk y Blue Origin, de Jeff Bezos. Cuando Hope comenzó el negocio, Musk y sus cohetes a la Luna no existían. Sí la aerolínea Pan Am, que en 1969 anunció que comenzaba a tomar reservas para su primer viaje a la Luna: sería en el año 2000 y el pasaje costaba 28 mil dólares. En 1990 la lista de espera era de 93 mil personas. Pan Am quebró en 1991.

—Si Elon Musk logra hacer realidad el turismo lunar y yo no quiero que nadie pise mi terreno, ¿qué puedo hacer?

—Estas son preguntas que nunca estuvieron, hasta hoy, en la conversación. En este momento es una pregunta irrelevante porque no existe aún la tecnología para poner un pie en la Luna. Pero estamos trabajando no sólo para lograr una voz más fuerte de todos los dueños sino también en el gobierno lunar, que creamos en 2004 para poder responder esa pregunta cuando llegue el momento.

En el año 2004 la Embajada Lunar creó su propia Constitución, pero como gobierno nació tres años antes, en el 2001. El Gobierno Galáctico se creó, explica la web, en respuesta a las consultas de los dueños de la Luna que preguntaban cómo protegerían sus lotes de visitas ajenas.

También pensaron su propia moneda: Delta. Hope solicitó su reconocimiento al Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2008. El organismo no ha respondido aún pero en Hope ya dijo que ofrecerá a todos los ciudadanos galácticos 10 mil Delta por 1000 dólares apenas el FMI responda.

—Venden también terrenos en Mercurio, Marte y Venus.

—Sí, y Júpiter.

—¿Para esto también escribieron a la ONU?

—Dennis, que es mi padre, reclamó la propiedad de estos cuerpos celestes en su momento.

—Sos el hijo de Dennis Hope.

—Correcto.

—Pero no tenés su apellido.

—Correcto.

[Silencio].

—Mi mamá volvió a casarse.

—¿Usás el apellido de tu madre?

—Uso un apellido distinto. Dejémoslo ahí.

—¿Tenés tu terreno?

—Por supuesto. También algunos en Marte.

—¿Algún dueño quiso vender su lote?

—El dueño está habilitado para subdividir hasta diez veces. No podés hacer un negocio de eso, pero podés subdividir hasta diez y ponerle nombres.

La dueña del Sol es gallega. Ángeles Durán, una mujer de Vigo, Galicia, supo de Hope y lo que él llamó vacío legal del Tratado Espacial y allá fue ella: a por el Sol. El problema fue cuando lo ofreció en eBay. En 2015 la empresa le impidió las ventas porque entendía que lo que Durán pretendía vender no era un bien tangible. Ella llevó el caso a la justicia. Perdió. La cosa se puso más fea cuando algunos amenazaron con pedirle indemnizaciones: como dueña del Sol le exigían a Durán que respondiera por quemaduras en la piel, daños en la vista y sequías.

—¿Por qué Dennis no se interesó en el Sol?

—Nunca fue parte del plan original de mi padre. El reclamo original es la Luna y todos los planetas, los 8, y sus lunas del sistema solar.

A diferencia de la Luna, que la loteó, Lamar vende a Plutón entero por 250 mil dólares. Lo que no vende es Júpiter: al ser un planeta gaseoso y no poder determinar su geografía y tamaño no es posible lotearlo y, por ende, la Embajada Lunar considera que no es serio.

—¿Hay temporada alta de compra?

—Sí, Navidad. Y San Valentín: a Venus le va muy bien durante San Valentín.