Los celíacos deben excluir de su dieta los llamados alimentos con TACC (trigo, avena, cebada y centeno) y en su reemplazo consumir harinas de arroz, de legumbres, premezclas especialmente elaboradas, féculas de maíz, papa o mandioca. Sin embargo, algunas personas que no padecen celiaquía ni intolerancia al gluten optan por seguir la misma dieta por considerarla más saludable o para bajar de peso. ¿Qué hay de cierto en esto? Silvina Tasat, licenciada en Nutrición y miembro de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), lo niega. “Estos alimentos no están indicados para la población general; incluso hay estudios científicos que sugieren que no consumir gluten puede estar asociado con enfermedad cardiovascular”.
Aclaremos esto: cuando decimos “alimentos” sin gluten no nos referimos a los “comestibles” sin gluten que la industria desalimentaria inventó como reemplazo para que las personas celíacas sigan enganchadas a sus cereales, que tampoco son aptos para seres humanos. Eso es simplemente un negocio propiciado por personas que no quieren comer como tales.

Recordemos siempre que la dieta del género Homo, la que éste necesita para una salud óptima, es libre de gluten, y se forjó durante 2.500.000 a base de verduras y hortalizas, frutas, carnes de todo tipo (preferenciando pescados y frutos de mar, e incluyendo a los animalitos completos, junto a sus vísceras y huesos), huevos, algún fruto seco, especias y agua.

Tasat también considera incorrecto prescindir de las harinas, aunque recomienda preferir las integrales ya que son fuente de fibras alimenticias, vitaminas y minerales, en lugar de las harinas y los cereales refinados, que no los poseen. Mónica Katz, presidenta de la SAN, aclara: “Para los que no padecen celiaquía, estos alimentos no solo no son más sanos, sino que trabajos publicados muestran que podrían aumentar el riesgo de enfermedades”. Y aconseja consultar con un nutricionista para elaborar un plan de alimentación saludable, completo y adecuado para no padecer carencias.