Estados Unidos captura a Nicolás Maduro
Fuerzas especiales estadounidenses extrajeron al mandatario venezolano y su esposa de Caracas.
Caracas / Washington / Madrid | 3 de enero de 2026 | Actualizado: 18:30 GMT
En las primeras horas del 3 de enero de 2026, el mundo despertó con una noticia que marcará un antes y un después en la historia de América Latina: Nicolás Maduro, presidente de Venezuela desde 2013, fue capturado junto a su esposa Cilia Flores por fuerzas especiales de Estados Unidos durante una operación militar denominada «Resolución Absoluta». El operativo, que incluyó bombardeos a instalaciones militares en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, representa la intervención armada más significativa de Washington en Latinoamérica desde la invasión a Panamá en 1989.
El presidente estadounidense Donald Trump confirmó la captura a través de su red social Truth Social y posteriormente ofreció una conferencia de prensa desde Mar-a-Lago, donde calificó la operación como «brillante» y anunció que Estados Unidos asumirá el control temporal de Venezuela hasta garantizar una «transición segura y adecuada».
Alrededor de las 2:00 de la madrugada hora local, residentes de Caracas comenzaron a reportar fuertes explosiones y el sobrevuelo de helicópteros a baja altura. Al menos siete detonaciones sacudieron la capital venezolana, particularmente en zonas cercanas a Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar del país, y el aeródromo de La Carlota.
Según el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., la «Operación Resolución Absoluta» fue ejecutada por fuerzas especiales que desplegaron helicópteros Chinook para extraer a Maduro de su ubicación. El mandatario y su esposa fueron encontrados dormidos al momento de la captura.
«La operación fue discreta, precisa y se llevó a cabo durante las horas más oscuras del 2 de enero. Fue la culminación de meses de planificación y ensayo, una operación que, francamente, solo las fuerzas armadas de Estados Unidos podrían emprender.»
— General Dan Caine, Estado Mayor Conjunto de EE.UU.
Trump publicó posteriormente una fotografía de Maduro con los ojos vendados a bordo del buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, confirmando que el expresidente venezolano se dirige a Nueva York para enfrentar cargos federales. La fiscal general Pam Bondi anunció que Maduro ha sido imputado por conspiración para el narcoterrorismo, importación de cocaína, y posesión de armas de destrucción contra Estados Unidos.
La posición de Washington
La administración Trump justificó la intervención como una acción contra el narcotráfico internacional. Durante meses, Washington había intensificado la presión sobre Venezuela, declarando al «Cartel de los Soles» como organización terrorista y aumentando a 50 millones de dólares la recompensa por información sobre Maduro. La operación «Lanza del Sur», desplegada desde septiembre de 2025 en el Caribe, había destruido casi 40 embarcaciones presuntamente vinculadas al tráfico de drogas.
En su conferencia de prensa, Trump fue contundente: «Vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa». También anunció planes para que empresas petroleras estadounidenses inviertan «miles de millones de dólares» en reparar la infraestructura energética venezolana. Sobre María Corina Machado, premio Nobel de la Paz 2025, Trump expresó dudas sobre su capacidad de liderar el país.
Condenas internacionales
La operación provocó una fractura inmediata en la comunidad internacional. Brasil, México, Colombia, Chile, Cuba y Uruguay condenaron la acción militar, invocando el derecho internacional y la soberanía de los estados.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva declaró que los bombardeos «han traspasado una línea inaceptable» y constituyen un «precedente extremadamente peligroso» que «recuerda los peores momentos de injerencia en la política latinoamericana». México, por su parte, rechazó «enérgicamente» las acciones militares, calificándolas de violación al artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, e instó a la ONU a «actuar inmediatamente».
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ordenó el despliegue de tropas a la frontera con Venezuela y activó protocolos de asistencia humanitaria ante una posible crisis migratoria. «Los conflictos internos entre los pueblos los resuelven los mismos pueblos en paz», declaró.
Desde Europa, el presidente español Pedro Sánchez llamó a la «desescalada y la responsabilidad», mientras Francia criticó la operación como una «violación del principio de no uso de la fuerza». El Reino Unido se deslindó de cualquier participación.
Apoyo a la intervención
En contraste, Argentina, Ecuador, Paraguay y Panamá respaldaron la acción. El presidente argentino Javier Milei publicó: «La libertad avanza. Viva la libertad, carajo». El mandatario ecuatoriano Daniel Noboa afirmó que «a todos los criminales narco chavistas les llega su hora» y ofreció a Ecuador como aliado en la reconstrucción democrática.
La líder opositora María Corina Machado calificó los hechos como el cumplimiento de una promesa y llamó a que Edmundo González Urrutia, reconocido por varios países como presidente legítimo tras las cuestionadas elecciones de 2024, «asuma de inmediato su mandato constitucional».
La diáspora: celebración con lágrimas
Para los más de 7.9 millones de venezolanos que han emigrado en las últimas décadas, la noticia desató una avalancha de emociones. En Doral, Florida, conocido como «Doralzuela» por su alta concentración de venezolanos, decenas de personas se congregaron desde el amanecer frente a El Arepazo, restaurante emblemático de la comunidad, para celebrar entre abrazos, lágrimas y cantos del himno nacional.
«Primero estábamos llorando porque nuestro país estaba siendo bombardeado, pero cuando nos dicen que ya tienen a Maduro la reacción fue… demasiado fuerte. Estamos superfelices porque ya Venezuela es libre y pensamos regresar a nuestro país.»
— Macunayma Centeno, venezolana residente en Madrid
En la Puerta del Sol de Madrid, donde residen cerca de 692.000 venezolanos (la mayor comunidad en Europa), miles salieron a celebrar con banderas y cánticos. En Lima, decenas se congregaron frente a la embajada venezolana en una vigilia que se extendió durante horas.
Voces de cautela
Sin embargo, no todos celebran sin reservas. Un venezolano en Buenos Aires, que pidió anonimato, confesó a medios internacionales: «Nunca en mi vida pensé que iba a ver a mi país siendo bombardeado. Me genera sentimientos encontrados. Por un lado, alivio saber que Maduro ya no está, pero sigue habiendo incertidumbre porque no sabemos qué viene ahora.»
En Caracas, el ambiente era de «tensa calma». Algunos vecinos salieron a los balcones a gritar «¡Venezuela libre!», pero la mayoría permaneció en sus hogares ante la presencia militar en las calles. Los comercios atendían a puertas cerradas, dejando pasar a pocas personas a la vez, generando largas filas. El olor a pólvora impregnaba varias zonas de la ciudad.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: aproximadamente 303.000 millones de barriles, lo que representa cerca del 17% de las reservas globales. Este tesoro energético es central en cualquier análisis sobre el futuro del país y, según muchos analistas, una motivación no declarada de la intervención estadounidense.
Sin embargo, expertos del sector energético coinciden en que el impacto inmediato en los precios del crudo será limitado. Venezuela produce actualmente apenas 1.1 millones de barriles diarios, equivalente al 0.8% de la producción global y muy por debajo de los 3.5 millones que bombeaba antes del colapso de su industria petrolera bajo el régimen chavista.
«Para el petróleo, esto tiene el potencial de convertirse en un evento histórico. El régimen de Maduro y Hugo Chávez básicamente saquearon la industria petrolera venezolana. Si las empresas de Estados Unidos pueden regresar para reconstruirla, podría cambiar las reglas del juego para el mercado petrolero global.»
— Phil Flynn, analista senior de Price Futures Group
Trump ya anunció su intención de que empresas petroleras estadounidenses inviertan en la reconstrucción de la infraestructura energética venezolana. Los mercados de futuros, que no operan durante el fin de semana, mostrarán su reacción cuando reabran. La OPEP ha señalado que no planea modificar sus niveles de oferta para el primer trimestre de 2026.
La moneda venezolana también enfrenta incertidumbre. Durante 2025, el bolívar sufrió una devaluación del 82.7% frente al dólar en el mercado oficial, con una brecha de casi 86% respecto al mercado paralelo.
La Iglesia Católica venezolana, que ha mantenido una relación tensa con el chavismo durante años, se encontraba ya en una posición delicada antes de los acontecimientos. En su mensaje de Navidad, días antes de la operación, la Conferencia Episcopal Venezolana señaló que la experiencia de las fiestas se veía «ensombrecida» por la agitada realidad nacional.
El Cardenal Baltazar Porras, Arzobispo Emérito de Caracas, había sido una de las voces más prominentes en denunciar la situación del país, lo que le generó una enemistad particular con el régimen. Expertos como la investigadora nicaragüense Martha Patricia Molina habían advertido sobre posibles patrones de persecución religiosa similares a los de Nicaragua.
La crisis humanitaria, ya severa antes de la intervención, amenaza con agravarse. Colombia ha activado protocolos de emergencia ante una posible oleada de refugiados. Las organizaciones de derechos humanos expresaron preocupación por los cientos de presos políticos que permanecen en centros de detención venezolanos, incluyendo menores de edad.
La pregunta que domina las horas posteriores a la captura es clara: ¿Quién gobierna Venezuela? La vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien se encontraría en Rusia según diversas fuentes, exigió «prueba de vida» de Maduro y Flores. El ministro de Defensa Vladimir Padrino López denunció un «ataque criminal» pero no ha asumido el mando.
Estados Unidos reconoce a Edmundo González Urrutia como presidente legítimo, pero Trump expresó dudas sobre la capacidad de María Corina Machado para gobernar, señalando que «no cuenta con apoyo ni respeto dentro del país». La líder opositora, por su parte, ha llamado a que González «asuma de inmediato su mandato constitucional».
El régimen chavista cuenta aún con aliados poderosos. Rusia, China, Cuba e Irán han condenado la intervención. El canciller ruso Serguéi Lavrov expresó «firme solidaridad con el pueblo venezolano ante la agresión militar». La presencia de militares y milicias afines al chavismo en las calles de Caracas sugiere que la transición no será simple.
Trump advirtió que Estados Unidos está «listo para una segunda ola de ataques si es necesario», aunque consideró que «probablemente» no serán necesarios. El espacio aéreo venezolano permanece restringido y la FAA ha suspendido los vuelos comerciales estadounidenses a la región hasta nuevo aviso.
La captura de Nicolás Maduro marca el fin de más de dos décadas de chavismo en Venezuela, pero abre un capítulo cargado de incertidumbre. La intervención estadounidense ha dividido a la comunidad internacional, enfrentando principios fundamentales del derecho internacional con el rechazo a un gobierno cuya legitimidad fue cuestionada por gran parte del mundo.
Para millones de venezolanos, dentro y fuera de su país, este 3 de enero representa la esperanza de un nuevo comienzo. Para otros, la imagen de su patria bombardeada por una potencia extranjera es una herida difícil de procesar, independientemente del desenlace.
Lo que está claro es que Venezuela, y con ella América Latina entera, han entrado en territorio desconocido. Las próximas horas, días y semanas determinarán si la promesa de libertad y democracia se materializa o si la nación caribeña se sumerge en una nueva fase de inestabilidad. El mundo observa, dividido pero atento, el desarrollo de los acontecimientos.
—
Este artículo fue elaborado con información de CNN, Infobae, Reuters, Associated Press, The New York Times, Euronews, La Nación, El País, y fuentes locales en Venezuela.


