Eduardo Verástegui ya filmaba en Hollywood y acababa de ser convocado por Jennifer López para ser su partenaire en un video clip. Atrás quedaban sus comienzos como integrante del grupo Kairo y sus papeles como galán de telenovelas en su país: las puertas del éxito se habían abierto para él.

Estaba a punto de cumplir lo que creía era su meta en la vida, cuando descubrió que sólo Dios podía llenar el vacío existencial que experimentaba. Pasaron entonces cuatro años duros, porque Verástegui se juró a sí mismo que no participaría de ningún proyecto que “ofendiera a Dios”. Poco a poco se fue quedando solo: productores, representantes e incluso algunos amigos lo tomaron por loco. No podían entender que se la pasara rechazando roles y oportunidades.

Pero él había decidido no comprometer más sus principios “con tal de tener el éxito que viene del mundo porque ese éxito no viene de Dios”.

“Ahora ya sé quién soy y no me hace más fuerte el tener cosas sino el dejar que se haga la voluntad de Dios en mi vida”, afirma Verástegui.

“No hay conquista más grande que la conquista de uno mismo”, dice, citando a Aristóteles. Pero esa lucha “requiere de la ayuda de Dios”. “Vivir en virtud es un trabajo, un sacrificio de todos los días”.

Desde aquella drástica decisión, Eduardo Verástegui se dedica a dar testimonio de su cambio, a disuadir a parejas o mujeres solas de abortar y a producir y actuar en películas con mensaje: “Una película para hacerle perder el tiempo a la gente y nada más se vayan a reír sin ninguna causa de nada, eso no me interesa”.

— ¿Cuál es el motivo de tu presencia en Argentina?

— Varias cosas. Visitar a los buenos amigos. También vine a presentar mi película The sound of freedom, El sonido de la libertad, basada en una historia real, la vida de Tim Ballard, un ex agente de la CIA y de Homeland Security, que renuncia al gobierno para montar un dream team de los mejores ex militares americanos, que van encubiertos a diferentes partes del mundo a rescatar niños secuestrados para explotación sexual y tráfico de órganos. Compré los derechos de la historia de Ballard, de su primer rescate, en Cartagena, Colombia, donde salvó a 127 niños en una sola operación. Ha sido el rescate más grande en la historia de los rescates de menores de la trata en una sola operación. La película se la vendí a Fox. Disney acaba de comprar Fox y el nuevo director de Disney/Fox vive en Argentina. Es argentino y sus oficinas están aquí. Entonces vine a presentarle la película, escuchar sus opiniones y ver la fecha de estreno. En eso estamos.

— ¿Ya terminó la filmación?

— No, no, la termino en octubre. Pero aquí querían ver ya el primer corte. Creo que se va a estrenar en diciembre o enero. Tengo que entregarla en octubre y ellos deciden. Entonces a eso vine. Y coincidió con el 8 de agosto [N. de la R: en referencia al aniversario del rechazo al proyecto de legalización del aborto por el Senado argentino]. No pude venir el año pasado, pero participé con un video. Ahora, celebrar el triunfo del 8 de agosto, el triunfo de la vida, que se celebra en el mundo entero, no sólo en Argentina, era importante. Cuando en un país triunfa la vida hay que ponerlo como ejemplo para que otros países que piensan que es imposible dar estas batallas vean que sí lo es. Y a conocer a Cynthia (Hotton) y a Juan (José Gómez Centurión) porque tenemos muchas cosas en común pero no nos conocíamos. Estoy en pláticas con ellos para traer una película que se llama Unplanned, que tuvo mucho éxito en Estados Unidos, que es la vida de Abby Johnson.

— ¿Es sobre Planned Parenthood?

— Sí, Abby Johnson fue la mejor empleada de Planned Parenthood, pero después de presenciar un aborto de ultrasonido deja la clínica y empieza a desenmascarar a Planned Parenthood, a todas las mentiras que ella misma decía a las niñas obligadas a abortar. Escribió un libro, se volvió bestseller, empezó a dar conferencias, hicieron una película sobre su vida, muy fuerte, gráfica y muy poderosa, y yo compré los derechos para toda Latinoamérica, la llevo en septiembre a México, y queremos traerla aquí en octubre.

— ¿Te sorprendió el resultado de la votación en Argentina?

— No me sorprendió. Sabía que algo bueno iba a pasar y obviamente lo esperaba. Porque cuando ves en redes sociales que la gente se empieza a levantar, los jóvenes, las familias, es imposible que esta presión del pueblo, de los ciudadanos, termine en fracaso. Porque si es así, ¿para qué movilizar un pueblo?, ¿para qué salir a marchar si no sirve para nada? Esa marcha y toda la participación de los ciudadanos llevó mucha esperanza y más esperanza consiguió el resultado. Es muy bueno porque eso alienta a muchísima gente a tomarlo como referente, como ejemplo de que sí se puede meter presión a los legisladores cuando el pueblo se levanta, cuando el pueblo dice: no más, suficiente. Vamos ahora a lo que sigue que es no estar siempre pasivos, a la defensiva, sino al revés, ¿por qué no ser creativos y empezar a proponer y que sea el otro equipo el que esté a la defensiva? Cambiar la estrategia. Porque si uno no se mueve hasta que lo atacan…. Hay que empezar a ser más proactivos. En todas las áreas, en educación, en vida, en familia, en economía. Involucrarse más.

— ¿Cómo reacciona la gente cuando decís “yo creo en Dios”, “soy de misa diaria” y cosas por el estilo?

— Pues hay de todo. Desde el “¿cómo?” [N. de la R: imitando la cara de extrañeza] al que dice “ah, qué bueno, yo también”. Y alguien al que le da igual. Otro que dice “¿por qué?”, como si le molestara. Y ahí fue lindo descubrir que a la gente no le debe importar. Lo que importa es lo que Dios piensa de uno. Si empiezas a poner toda la energía en gustar a todo el mundo te vas a volver loco. O sea, ni lo vas a lograr, ni eres moneda de oro para que le gustes a todo el mundo. Vas a perder el tiempo y te vas a frustrar. El tiempo es tan valioso que la energía solo hay que ponerla en lo que tú crees, en tu pasión, y ya ni siquiera en redes sociales: qué opina la gente, si les gustó, si no les gustó, porque se pierde mucho tiempo. En lugar de aprovecharlo en avanzar y en mi caso en salvar vidas de la trata, salvar vidas del aborto, crear otro proyecto de cine… Si yo me detengo a ver qué están diciendo, es una película menos o una vida menos. Es una tentación, obviamente, pero ni te creas los halagos, ni te creas los odios. Porque si te crees los halagos tienes que ver también lo que hablan mal de ti. Entonces ni modo que tu vida esté así, te vuelves loco. A veces hay críticas constructivas que te ayudan a mejorar pero la mayoría son de un odio tremendo. Y yo opté por ya no prestarle atención a eso.

— ¿Estás en redes? Allí es muy fácil insultar…

— Muy fácil. Insultar, inventarte cosas, es muy sencillo. Sobre todo cuando estás defendiendo las cosas que son polémicas. Si mando hoy veinte tweets durante tres días sobre el tema de la defensa de la vida, en menos de una semana tengo una repercusión algo fuerte de grupos de feministas, de “feminazis”. Si mañana defiendo la familia o simplemente digo que para mí el matrimonio es una cosa entre un hombre y una mujer… al día siguiente, ¡paf! Vamos contra ti. Eso es muy fuerte porque ya no hay un diálogo, no hay respeto. Tú y yo podemos tener muchas diferencias y no pasa nada; si seguimos hablando. vamos a encontrar otras cosas en común. Vamos a tener una empatía y una amistad. Y si seguimos hablando nos vamos a dar cuenta de que incluso en aquello en lo que no estamos de acuerdo nos interesan las mismas cosas. Por ejemplo, una amiga que me decía que el aborto está bien, le digo yo creo que no, pero tú crees que está bien porque eso va a hacer que la mujer sea más feliz, tú quieres la felicidad de la mujer ¿verdad? Yo también. Tú quieres que la mujer tenga más libertades; yo también. Queremos lo mismo, es simplemente el método…

— El tema es llegar a dialogar.

— Para eso tiene que haber un respeto a la idea del ser humano, yo siempre pido perdón si ofendí a alguien o parezco un poco irónico o sarcástico. Siempre mi intención es hablar con respeto, con cariño, con amor, y explicar por qué no estoy de acuerdo con lo que tú estás diciendo. El tema es que, de allá para acá, es cortar cabezas. Y se vale de todo, difamar, mentir, inventar, etcétera. Pero puedes darle la vuelta y sacarle provecho a eso, a la difamación, a la mentira. ¿Cómo? Bueno, con la virtud de la paciencia, del perdón, de la humillación. Porque puede ser un antibiótico paralelo que produzca humildad. Siempre trato de sacarle provecho a todo, hasta a lo peor. Jesucristo, que es Dios, ves cómo le fue, ¿por qué yo voy a pretender que me vaya mejor?

— ¿A qué te dedicás actualmente? ¿Estás viviendo en Miami o en México?

— Mi base está entre Miami, México y Los Ángeles. Y nunca estoy en los tres. O sea aunque ahí tengo mi casa, como estoy preparando películas, me dedico al cine y soy productor, además tengo mis negocios que atender y tengo mi misión que es mi pasión que es hacer películas de alto impacto. La película que estoy haciendo, The sound of freedom, requiere que yo prepare un lanzamiento internacional y se convierta en movimiento global en contra de la trata de menores. Eso conlleva viajar por diferentes partes del mundo. Para crear conciencia. Para preparar escenarios donde yo pueda tener gestiones privadas con líderes en diferentes partes del mundo que hagan leyes en países donde la legislación es muy débil, porque agarran a los traficantes, éstos le dan dinero a la policía y están otra vez afuera haciendo una práctica diabólica. Desde viajar a los lugares donde el tráfico sea un tema, donde los consumidores van de vacaciones; ahí es donde tengo que estar. Entonces puedo estar mañana en la sierra, en la jungla o en Saint Tropez, en una mesa con quince personas donde se hable del tema de la trata, y veo que uno se va al baño, que veo que otro tipo “¿qué?, no te creo”, otro “¿en qué te puedo ayudar?”, y otro que está distraído. Entonces sé que en una mesa como esa de pronto hay dos o tres consumidores. Porque los consumidores vienen del primer mundo. Los consumidores número uno de trata son los americanos. Número dos, Canadá, y número tres el resto del mundo.

— Una vida en movimiento, entonces.

— Me toca estar siempre viajando, una vida bastante caótica a veces, con esfuerzos titánicos para poder lograr lo que queremos lograr, pero al mismo tiempo balancear, ir a misa, rezar el rosario.

— ¿Y cómo hacés, por ejemplo, acá en Buenos Aires? ¿Preguntas dónde está la iglesia más cercana…?

— Sí, aquí a cuatro cuadras. Tengo una aplicación en el teléfono que me dice los horarios y todo. Es mucho más fácil ir a misa a diario cuando estoy en mi casa, en Los Ángeles o en Miami, porque ahí tengo mi rutina. Ahora, cuando viajo, me tengo que agarrar de donde pueda. Es más difícil, sin embargo no es imposible, se puede lograr. Cuesta el doble de trabajo pero lo primero que hago al llegar a un lugar es chequear con la aplicación los horarios.

— ¿Ya fuiste acá?

— Sí, a la Iglesia del Pilar, la blanquita, la que está al lado del árbol. Es el gimnasio del alma yo digo. Uno puede ser que haga gimnasia en su casa, pero si en vez de hacerlo en tu casa puedes ir a un gimnasio, es mejor. ¿Puedo rezar en mi casa? Sí. ¿Puedo hacer una oración aquí? Sí. Pero además puedo ir a un lugar donde la disciplina de moverte y estar en un sitio especial de oración y, como católico, comulgar, tiene todo.

— Solés decir que cuando tenías todo, en el auge de tu carrera, en el cine, la televisión, las telenovelas, te sentías vacío. Y, a la inversa, cuando dejaste todo eso y económicamente pasaste un momento duro, te sentías pleno. Pero es un mensaje difícil de pasar hoy cuando el estímulo para los jóvenes es tener, y sobre todo cosas materiales, y que tener es sinónimo de ser… El tuyo es un mensaje muy contracorriente. ¿Encontrás eco?

— Sí, en algunos. Mira, depende mucho de la etapa en la que está parado el que escucha. Yo puedo estar en una conferencia con jóvenes dando un mensaje y va a haber de todo: el que diga “no me interesa nada de lo que estás diciendo”, y está bien, porque esa persona no quiere en ese momento y no la voy a forzar a pensar diferente. No puedo cambiar la manera de pensar de nadie, yo sólo cuento lo que he vivido y me ha pasado. Y habrá alguien que se pueda identificar, “sabes, yo estoy pasando por lo mismo, yo pasé por lo mismo”, o “sabes qué, yo quiero cambiar mi vida”, y hay interés. Simplemente tú cuentas una historia para ayudar a alguien a que se ahorre problemas. Pero hay otros a los que no les interesa. Me ha tocado dar conferencias y que después una niña me escribe y me dice “tú fuiste al colegio, me caíste muy mal por todo lo que decías, yo estaba llevando una vida difícil, mis padres estaban separándose, traté de suicidarme, de pronto metí la mano en la bolsa y saqué una medallita que me regalaste a la salida y en eso se me vino toda la historia que contaste como si hubiera sido en vivo… y bueno, pues ahora mi vida esto y lo otro, te doy gracias, pero en el momento me dolió”. Entonces ahí te das cuenta que realmente no eres tú; uno va y cuenta una historia pero es Dios el que hace las cosas con la gracia, el que abre el corazón, el que lo cierra. Pero yo siempre digo, si voy a una conferencia con diez mil jóvenes y una persona, una sola, da un pasito hacia adelante en su vida, ya valió la pena.

— Alguien hizo eso con vos, como solés contar…

— Sí, de una manera, alguien me sacó del lodo a mí. Tienes una lucha interna, externa, me caigo, me levanto, subo, bajo, me equivoco, acierto. Estoy en una carrera y en una lucha, pero por lo menos ya soy consciente de ello, antes no. Antes no era consciente de lo que pasaba en mi vida y no sabía que estaba en una lucha pero ahorita lo que cambia es que, aunque sigo siendo la misma persona, ahora tengo un propósito y ya sé hacia dónde tengo que ir. Esto de decir no sé a dónde voy, a la felicidad, ¿qué es la felicidad? ¿Tener?, ¿ser? No tengo, no soy. Ahora ya sé quién soy y no me hace más fuerte el tener cosas sino el dejar que se haga la voluntad de Dios en mi vida.

— Seguramente lo más difícil sea gobernarse a sí mismo.

— Eso es imposible.

— Tener conciencia de sí al punto de…

— Aristóteles decía “no hay conquista más grande que la conquista de uno mismo”. Pero realmente gobernarse a sí mismo, practicar todas las virtudes, requiere de la ayuda de Dios. Por sí solo…no. Porque uno tiene la tendencia… O sea, es más fácil desordenarse que ordenarse. Es más fácil ensuciar que limpiar. Entonces vivir en virtud es un trabajo, un sacrificio de todos los días.

— Como decíamos antes, la felicidad hoy día está asociada mucho a lo material y al éxito. ¿Vos cómo la definirías?

— La madre Teresa de Calcuta decía “no somos llamados a ser personas de éxito, somos llamados a ser personas fieles a Dios”. Ese es nuestro éxito. Ahora, que si después de ser fieles a Dios viene el éxito, pues es una bendición, usa ese éxito como un medio para ayudar a los demás. Pero si no viene, no comprometas tus principios con tal de tener el éxito que viene del mundo porque ese éxito no viene de Dios. La felicidad es hacer lo que es correcto, eso es lo que te da la paz. Una vida con valores, con virtud, alcanzar la santidad a la cual somos llamados, y eso es la felicidad para mí, es la paz. Hay gente que es tan pobre, tan pobre, pero tan pobre que lo único que tiene es dinero. No es que lo material sea malo, es un medio. El problema es cuando lo entiendes como un fin, algo que a cualquier precio hay que lograr. Te pierdes a tí mismo para llegar a ese fin, y luego te das cuenta de que no tienes nada. Has perdido una vida y no te das cuenta de lo que estamos hablando.

— Mucha gente ve el cumplimiento de las normas morales, éticas, como una esclavitud.

— Es al revés. La libertad no es hacer lo que te dé la gana, es hacer lo que es correcto. O sea, hay quien está en la cárcel y es más libre que quien está afuera. Sí, es una cárcel física, pero adentro muchos internos o internas han encontrado una libertad interior. Y hay personas que están afuera, que piensan que son libres porque hacen lo que les da la gana, y son prisioneros de las drogas, de las adicciones, de la lujuria, y viven en una cárcel.

— ¿Seguís intentando disuadir a mujeres o a parejas de abortar? ¿Lo hacés de una manera sistemática o fue algo del momento, como constante una vez, cuando por las exigencias de un papel en una película querías vivir eso?

— No, sucedió. Pero después se hizo de manera sistemática, después abrimos una clínica… Pasa que mi vida es muy…, ando todo el tiempo viajando, pero cuando estoy en Los Ángeles…

— Una clínica para…

— …para recibir a mujeres en su primera vez para ayudarlas a dar a luz o a que los den en adopción. Está en Los Ángeles, en un barrio hispano donde hay abortos a menos de una milla, ahí abrimos la clínica. Hice varios congresos a favor de la vida. Pero era más cuando estaba en Los Ángeles y se me hacía más fácil involucrarme. Cuando empieza todo lo de las películas y las giras pues se delegan las responsabilidades y otros lo hacen. Para mí hoy en dia es a través de entrevistas, conferencias o películas.

— ¿Y alguna vez te tocó disuadir a una mujer que quisiera abortar a consecuencia de una violación? Es el ejemplo que siempre se pone: un embarazo que no es producto del descuido, sino de un crimen.

— Al que pone ese ejemplo, lo último que le interesa es el caso en sí. Lo único que importa es buscar un caso extremo para entonces legalizar el aborto. Pero saben que no pueden, entonces van a la nena, violada, y te la cuentan de manera que es una película de terror, y acá lo que cabe es trabajar para que eso no vuelva a pasar nunca más en la vida. Pero si quedó embarazada es una vida y esa vida no vale menos que la tuya, si está viva es vida. Un niño que nació en circunstancias perfectas, un matrimonio que se amaba y todo fue increíble, no por eso ese niño vale más que uno que nació de una mujer violada. ¿Por qué insisten en que esa vida vale menos? Toda vida debe ser respetada, cualquier vida. Ahora, hay que tratar el tema de por qué hubo una violación, dónde está la persona que violó, tiene que intervenir el gobierno, fundaciones, el bebé se da en adopción. Un mal no se resuelve con otro mal. La vida hay que protegerla y también hay que proteger a los que fueron heridos, lastimados.

— ¿Qué opinas del movimiento Me Too?

— En un principio está muy bien poner como una especie de luz en la oscuridad de todas las injusticias, como es el caso de esas personas que de pronto están utilizando su fama para aprovecharse de otras. Siento que después se volvió… puedo estar equivocado, pero por lo que he escuchado, lo poquito que he platicado con algunas personas, se fue a un extremo, se volvió un negocio de abogados. Recaudan un fondo de millones al año y saben que si se acaba esto se les acaba el salario, entonces están buscando dónde más hay otro caso, y ahora ya hay mujeres que lejos de ser realmente víctimas de este problema están buscando fama o dinero… Esto ya llega a asustar a la sociedad porque ya no se trata de salvar a nadie. Tal vez necesitamos llegar aquí para que la cosa se vuelva a poner en el centro. Así como hubo tanto abuso pues ahora el péndulo tiende al abuso del lado contrario pues para que se centre. Yo creo que es un proceso que empezó con una muy buena idea y que se va a purificar y se va a centrar. Pero me encantaría hacer el Me Too de Protect the Children.

— ¿Qué otros proyectos tenés? ¿Son siempre en la línea de transmitir un mensaje?

— Siempre, siempre. Un impacto social. Siempre va a ser con mujeres con cáncer, niños con cáncer, malnutrición, educación, siempre va a ser una radiografía del planeta y, donde haya sangrado, antibiótico. Según la problemática que me toque ver y que sienta que es donde me toca meterme, ahí me meteré. Pero hacer una película para perder el tiempo, hacerle perder el tiempo a la gente y nada más y que se vayan a reír sin ninguna causa de nada, eso no me interesa.

— ¿Existen productores que quieran poner dinero en ese tipo de películas?

— Sí, es donde más negocio hay incluso. Las películas más taquilleras de la historia son películas para la familia, The lion king, Avengers, donde el bien siempre triunfa, la amistad, los héroes. Grandes películas. Son las más taquilleras. Todas las de superhéroes son películas de valores. Y recaudan más porque son para la familia.

— ¿Hay otros actores de Hollywood que piensan como vos?

— Sí, muchos. Jim Caviezel, Kevin James… mucha gente que quiere hacer, que está haciendo cosas buenas. No son la mayoría lamentablemente pero la gran mayoría pues está haciendo otras cosas que… Cada quien ¿no?

— ¿Fuiste formado en la fe católica desde niño?

— No, no, nada. Lo básico, el padrenuestro y el credo, nada más, hasta ahí. Di la comunión y se acabó, nunca más. Ni mi mamá ni mi papá, ninguno. Todos somos católicos, pero ninguno practicante. Con fe en Dios, sí, pero es necesaria la formación, de lo contrario hay mucha incongruencia en el diario vivir, por la ignorancia. Cuando yo había empezado mi carrera y andaba medio perdido, mi mamá, por miedo de que me pasara algo, se sumó a un grupo de oración, con una fe humilde, no muy bien formada pero con mucha devoción. Después, cuando yo decido tomar mi fe con seriedad, me interesó mucho formarme y estudiar teología, apologética, y empezar a devorar libros. Entonces yo empiezo a transmitirle esa formación a mi madre, que ella recibió…. pues, feliz de la vida. Por eso siempre he dicho que las oraciones de mi madre fueron las que a mí me hicieron despertar y después yo… fue una carambola.

 

Fuente: Infobae