En la dramática y veloz carrera que emprendió la ciencia contra el virus del Ébola, considerada como la enfermedad con mayor letalidad y alta transmisibilidad del mundo, la Comisión Europea aprobó una vacuna y otra viene en camino de la mano de científicos japoneses.

La magnitud del drama humanitario que provocó una enfermedad de alta letalidad como es el virus del Ébola hace que la ciencia se esfuerce por no quedar atrapada entre sus propias tribulaciones. Para los médicos e investigadores frenar y curar el Ébola se convirtió en un clamor que por momentos se vuelve insoportable y que sin duda se ha convertido en una carrera científica contra el tiempo.

El virus del ébola causa una fiebre hemorrágica fulminante, que se propaga de persona a persona a través del contacto directo con fluidos corporales y su dramatismo lo conforman la cantidad de muertos luego de cada brote. Es una enfermedad para quien la contrae que tiene una letalidad de entre un 67% a un 75% . El virus del Ébola mata a alrededor de la mitad de las personas que infecta.

La urgencia es detener el contagio y proteger a los médicos y personal de salud que trabajan en las zonas de riesgo, especialmente en África occidental y central, atravesadas por la emergencia sanitaria, costumbres ancestrales y guerras tribales.

El primer eslabón de la cadena epidemiológica del contagio comienza con el animal (chimpancés, murciélagos, antílopes y puercoespines) que contagia al hombre o bien a través del contacto o por consumir carne infectada. También se infecta quien hace la faena del animal. Luego de este primer eslabón comienza la transmisión de persona a persona a través de todos los tipos de fluidos corporales: saliva, semen, vómitos, heces, transpiración, sangre. No se transmite por vía aérea ni por el agua.

Los pacientes solo en el período de incubación asintomáticos no contagian. Sin embargo, en un paciente fallecido a causa del Ébola, el virus a temperatura ambiente sigue contagiando. De ahí las estrictas medidas que se tomaron en África con la cremación de cadáveres por personal especializado, yendo en contra de las creencias religiosas de la población de mantener el cuerpo en casa y pasearlo por la aldea, una costumbre idiosincrática que colaboró con la feroz propagación de la enfermedad en la primera epidemia de 2013-16. A pesar de este panorama tan dramático hay buenas noticias, y el tema se actualiza ante la aparición de una vacuna ya aprobada, de otra en camino y de prolíficas estrategias científicas que buscan frenar la enfermedad .

Hace pocos días una precisa declaración de Jean-Jacques Muyembe, virólogo congoleño y director general del Instituto National de Recherche Biomedicale en la República Democrática del Congo y uno de los mayores expertos mundiales en la lucha contra esta fiebre hemorrágica puso el tema en la picota: «De ahora en adelante, ya no diremos que el Ébola es incurable”.

En la actualidad existen cuatro terapias que gozan de cierta expectativa para tratar el virus del Ebola: un medicamento antiviral (Remdesivir, desarrollado por Gilead Sciences); dos anticuerpos monoclonales, el REGN-EB3 (desarrollado por Regeneron Pharmaceuticals) y mAb114 (desarrollado por el National Institute of Allergy and Infectious Diseases, de Estados Unidos).

Aparte de estas tres terapias nuevas, está disponible el fármaco ZMapp. Este último fue uno de los tratamientos estudiados durante el brote de 2014-2016 y, aunque no se llegaron a resultados concluyentes, es considerado el estándar terapéutico durante los brotes de Ébola. Se trata de un suero inmunológico experimental que surge de la combinación de tres anticuerpos monoclonales, y fabricado con plantas del género de la nicotiana.

Los expertos científicos identificaron que la letalidad del Ébola es de entre el 67% y el 75%, y en el caso del uso de ZMapp reducía esas cifras hasta el 49%. Pero, durante el ensayo, los investigadores se dieron cuenta de que los anticuerpos monoclonales arrojaban cifras de mortalidad entorno al 29%, uno (REGN-EB3) y el 34%, el otro (mAb114).

Estos dos fármacos eran anticuerpos monoclonales aislados de supervivientes de otros brotes del pasado. Por ello, recientemente, la junta de expertos -en la que participó el virólogo congoleño Muyembe – decidió que había que poner en pausa el Remdesivir y el ZMapp; y empezar de nuevo solo con el REGN-EB3 y el mAB114.

Consultada por Infobae la doctora Lilián Testón, médica infectóloga y coordinadora del departamento de epidemiología de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) explicó: “Hay varios estudios en instancias muy avanzadas para lograr la primera vacuna contra el ébola, una noticia muy esperada por el mundo científico. Los estudios buscan sobre todo frenar su alta transmisibilidad y proteger al personal de la salud que es la primera línea de alto riesgo de esta enfermedad”.

Actualmente existen dos proyectos de vacunas con mucho vigor científico: uno, el más avanzado, es del laboratorio MSD, para el que la Comisión Regulatoria Europea dio aprobación para continuar con los ensayos clínicos. El otro, son estudios de investigadores científicos japoneses del Instituto de ciencias médicas de la Universidad de Tokio. Esta vacuna se probó hasta ahora en monos y no en humanos. Y se basa en una forma inactiva del virus.

La vacuna de MSD ya se ha utilizado bajo pautas de emergencia contra la propagación de un brote mortal de Ébola en la República Democrática del Congo. “Las autoridades sanitarias tienen reportes que la mortalidad disminuyó del 67% al 35% con el uso de esta vacuna”, agregó Testón.

Esta aprobación europea permite a MSD iniciar la fabricación de dosis autorizadas en Alemania, que se espera estén disponibles en el tercer trimestre de 2020. Hasta la fecha, la compañía ha donado más de 250.000 dosis a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para su uso en brotes. Existe un consenso entre los expertos que asesoran a la OMS y distintos organismos humanitarios de que las vacunas deben ser administradas en primer lugar a los “trabajadores de primera línea”, sean sanitarios, sepultureros o familiares que cuidan a enfermos de Ébola.