Agradecidos
Aunque la higuera no eche brotes, Ni haya fruto en las viñas; Aunque falte el producto del olivo, Y los campos no produzcan alimento … Con todo yo me alegraré en el SEÑOR, Me regocijaré en el Dios de mi salvación. Habacuc 3:17-18 (NBLA)
Perdí mi trabajo el verano pasado. Al principio experimenté una sensación de calma que atribuí a Dios. Pensaba: “Él proveerá”, y lo creía. Con el tiempo, las semanas se convirtieron en meses. Las facturas seguían llegando y mis ahorros disminuían con rapidez. La preocupación comenzó a instalarse de forma progresiva. Me dio vergüenza sentirlo. Conozco a Dios y he visto su intervención en otras etapas de mi vida. Aun así, me costaba confiar. Me despertaba de madrugada repasando cuentas que no cerraban.
Confiar no me resulta natural. Preocuparme, sí. Me aferro a la ansiedad sin soltarla. Buscando orientación, volví a la historia de los cinco panes y los dos peces. La había leído muchas veces, pero esta vez observé un detalle distinto.
Los discípulos estaban frente a una multitud con muy pocos recursos. Felipe calculó la situación y concluyó que era imposible atender esa necesidad. Me identifiqué con esa sensación: facturas en una mano, poco dinero en la otra, y nada que parezca suficiente. Sé que Jesús puede intervenir, pero no logro visualizar cómo.
Entonces noté algo que siempre había pasado por alto. Jesús tomó lo poco que había y dio gracias antes del milagro. Agradeció sin ver todavía la provisión. Entendí que yo había estado esperando resultados para agradecer. Esperando que llegara una solución visible. Pero Jesús agradeció antes, confiando en su Padre.
Recordé también a Habacuc, quien expresó sus dudas y dificultades ante Dios. Al final escribió: “Aunque la higuera no florezca… yo me alegraré en el Señor.” Escogió la confianza sin tener señales externas que justificaran esa decisión. No ignoró la realidad; reconoció que su seguridad no dependía de las circunstancias.
Tal vez alguien que lea esto esté enfrentando algo similar: deudas, problemas en el trabajo, tensiones familiares o situaciones que parecen estancadas. La invitación es la misma: practicar la gratitud antes de ver el cambio. No porque sea sencillo, sino porque conocemos a quien puede actuar más allá de lo que comprendemos.
Aún no tengo trabajo. A veces la duda aparece en la madrugada. Pero estoy aprendiendo a soltar la preocupación y a agradecer por lo poco, confiando en que Dios puede multiplicarlo.
Señor, gracias por estos momentos que me llevan a depender de ti. Perdona mis dudas. Enséñame a mantener la gratitud incluso sin ver la solución. Confío en que harás más de lo que puedo imaginar. En el nombre de Jesús, amén.


