El coronavirus llegó hace dos años a nuestras vidas y las ha cambiado por completo para siempre. Sus efectos han sido devastadores tanto para las personas, a nivel físico y mental, como para la economía.

La pandemia, el aislamiento y la pérdida de seres queridos a causa de la enfermedad ha causado millones de trastornos psicológicos, como la depresión y ansiedad, en personas a lo largo y ancho del planeta.

Pero esos problemas psicológicos, normales en un contexto de pandemia mundial, no han sido los únicos. Un grupo reducido de la población también sufre lo que se ha dado en llamar «coronafobia», el miedo patológico a contagiarse de coronavirus.

Aunque nadie quiere dar positivo en un test PCR, la mayoría de las personas ven este escenario -el de contagiarse- como algo natural y probable -sobre todo ante el avance de la variante ómicron- que presenta, sobre todo, problemas que afectan al día día del contagiado (el aislamiento, la posibilidad de contagiar a familiares…) pero que no les lleva a temer por su vida.

Sin embargo, las personas que sufre coronafobia sí temen por su vida en caso de contagio. No son, en principio (aunque también los hay que sí), ciudadanos con patologías previas graves o inmunodepresión, sino individuos sanos a los que los dos años de pandemia y la sobreinformación constante les ha terminado generando una fobia.

Estas personas se realizan a diario test de antígenos, se aíslan, se lavan las manos compulsivamente y, sobre todo, están deprimidos. Tienen un miedo obsesivo e irracional al contagio.

Los expertos señalan que durante el brote de ébola de 2014 sucedió algo parecido aunque a una escala mucho menor. La mayoría de personas que sufren trastornos como este son aquellas que por, predisposición genética, pueden acabar padeciendo problemas mentales leves como ansiedad o depresión.