Hoy, lo que se siente es más importante que lo que se sabe. La conciencia colectiva de nuestros países conoce más de valores que lo que quiere admitir. Pero el cerebro emocional está ganando la batalla contra ese sentido común, el pensamiento racional de las abuelas. Temas, como: la ideología de género, el derecho al aborto, la definición del matrimonio y los valores separan y dividen hoy más que nunca, aun a los cristianos. La emoción puede más que el pensamiento sosegado e inteligente. Hoy pareciera que nadie piensa. Ahora la gente solo siente. Ya nadie piensa.

Los políticos se aprovechan y han definido como estrategia apelar al cerebro emocional de esta generación. Es que cuando el cerebro toma decisiones lo hace con el objetivo de regular un equilibrio emocional del momento. Por lo general, el cerebro no evalúa nada más que lo que está sintiendo. Pocas veces el individuo se da cuenta que esas decisiones emocionales van a afectar todo para el resto de su vida. Le pasa al que mata, por primera vez, sin haber tenido récord criminal. Le pasa al que irrespeta a una dama, por primera vez, y termina despedido de su empleo de carrera. Le ocurre a la mayoría que elige la suspensión de un embarazo, por primera vez, por miedo al que dirán. Por ello, es necesario educar al cerebro emocional para que aprenda a controlar sus instintos y feelings utilizando su inteligencia y la sabiduría de Dios.

El desafío que tenemos en estas elecciones es que tanto los que nos gobiernan, como los que aspiran a gobernarnos, son personas que lo que les mueve es lo que sienten, no la sustancia. Hoy, es más importante el feeling social que las convicciones. Preocupa más el feeling de votar por un candidato que tiene oportunidad real de ganar, que el compromiso con los valores y la fe que profeso.

«Yo votaría por aquel candidato que defiende lo que yo creó, pero yo siento que no tiene oportunidad. Es buena persona, pero lo siento, yo no quiero botar mi voto».

Como creyentes en Jesucristo –Su iglesia– lo que nos debe interesar son las ideas, los pensamientos, el análisis, el saber quién representa qué, no necesariamente lo que está trending. No debe ser el feeling social o el flow que está de moda lo que debe regir nuestra decisión.

¡Ojo Iglesia del Señor! El idealismo sin criterio es tan contagioso como el pesimismo y el optimismo sin sustancia. El miedo moviliza tanto como el triunfalismo. Los estados de ánimo de «la gente» no deben y no pueden sustituir tu evaluación personal como creyentes en la Palabra de Dios.

Las emociones bien administradas son necesarias para todas nuestras actividades humanas. Pero no pueden ser nuestro único criterio a lo hora de elegir nuestros gobernantes. Las emociones nos movilizan y pueden sacar lo mejor o lo peor de nosotros. Por eso es tan necesario entrenarnos para la administración de ellas.

El descrédito de los políticos en todos los partidos es tan grande, a nivel mundial, que está afectando la democracia y la fe de algunos. Pero debemos recordar lo que la Biblia espera de nosotros: «El justo vivirá por la fe», no por su cerebro emocional, sino por la fe.  Fe es la sustancia de las cosas que se esperan y la demostración de lo que no se ve.

La democracia está más frágil que nunca en la historia moderna debido a la mediocridad del liderazgo político. Las instituciones de gobierno son cada vez más cuestionables. Por lo tanto, hoy más que ayer, como cristianos, no solo hay que salir a votar, sino que hay que hacerlo con responsabilidad. Hay que dejar a un lado el apasionamiento político y votar con juicio y bien pensado, ya no tanto «sintiendo». Aquello de «ore al Señor y vote según lo que sienta tiene que ser superado».  Ore, pero piense, evalúe, oriéntese con líderes espirituales maduros.

La Iglesia del Señor tiene que graduarse del evangelio de «yo siento» y moverse al evangelio del «yo entiendo», en línea con aquella oración amplia y brillante del apóstol Pablo en Efesios 1:15-18; 21-22.

«Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, 17 para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, 18 alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo».