Dado que el cáncer comienza como una mutación en una célula, se supondría que a mayor cantidad de células, un animal enorme tendría mayores tasas de cáncer. Sin embargo, en 1977 el epidemiólogo Richard Peto, de la Universidad de Oxford, observó una paradoja que lleva su nombre: al evolucionar hacia sus grandes tamaños, seres como las ballenas desarrollaron fuertes resistencias a los tumores. Así la tasa de mortalidad por cáncer en los elefantes es del 5%, mientras que entre los humanos oscila entre el 11% y el 25 por ciento.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Groningen (Holanda) y el Centro de Estudios Costeros de Massachusetts (Estados Unidos), entre otras nueve instituciones internacionales, dirigido por Marc Tollis y otros científicos de la Universidad Estatal de Arizona analizó el genoma de nueve cetáceos y halló que uno de ellos, la ballena boreal, tiene defensas tan efectivas sobre el cáncer. El nuevo estudio se publicó en la revista Biología Molecular y Evolución.

La ballena boreal, también llamada de Groenlandia, no sólo vive 200 años sino que —según intentan confirmar los científicos— podría tener una resistencia natural al cáncer. A partir de la secuencia del genoma de este animal, realizado por la Universidad de Liverpool, João Pedro de Magalhães propuso que “la especie desarrolló diferentes ‘trucos’ para tener una vida más larga, y al descubrir los trucos de la ballena boreal podríamos aplicar los hallazgos a los humanos, para combatir las enfermedades relacionadas con la edad”, dijo a Medical Daily.

Por ejemplo, los científicos podrían emplear esa información para ayudar a encontrar nuevos blancos potenciales en la prevención del cáncer en humanos, como emplear la versión que la ballena hace de una proteína que puede detener la proliferación de células para desarrollar drogas que reduzcan los tumores en las personas.

El equipo liderado por Tollis comenzó por determinar qué hace que sus defensas contra el cáncer sean tan efectivas. “Nuestro objetivo es no sólo lograra que la naturaleza nos informe sobre mejores terapias contra el cáncer sino darle a la gente una nueva perspectiva del cáncer”, dijo Tollis a Science Daily.

“El hecho de que las ballenas y los elefantes hayan evolucionado para combatir el cáncer y que los dinosaurios también lo hayan sufrido sugiere que el cáncer ha puesto una presión selectiva a lo largo de muchos millones de años de evolución”, agregó.

El trabajo, titulado “Return to the Sea, Get Huge, Beat Cancer” (Regresar al mar, volverse enorme, derrotar al cáncer) es la primera contribución de importancia que publicó el flamante Centro de Cáncer y Evolución de la Universidad de Arizona, que dirige Carlo Maley (coautor del estudio), con USD 8,5 millones del Instituto Nacional de Cáncer. Las comparaciones de genomas alcanzarán a 13.000 especies, a partir de más de 170.000 registros de animales individuales.

En el caso de la ballena boreal, notaron que algunas partes de su genoma habían evolucionado más rápidamente que las de otros mamíferos: las que contienen genes que controlan el ciclo celular, la proliferación de las células y la reparación del ADN. En los cánceres humanos se ha observado la mutación de muchos de esos genes. La ballena, además, presentaba muchos duplicados de los genes que suprimen tumores. Y una tasa menor de mutaciones.