Indudablemente, la vida está llena de altibajos, no siempre nos va bien pero tampoco las rachas malas son permanentes, digamos que durante el tiempo que vivamos en este mundo experimentaremos de todo, si no, ¿cómo maduraríamos, cómo creceríamos como personas, cómo haríamos méritos para alcanzar nuestras metas, sobre todo la meta más grande para los creyentes, llegar al cielo?

Por eso, no es extraño que los psicólogos se hayan detenido a considerar un término que se ha puesto de moda en los últimos años: la resiliencia. Pero, ¿qué es eso? Porque no podemos negar que en muchos ambientes se utiliza la palabra para indicar que hay algo positivo detrás de toda circunstancia adversa, porque en sí, este vocablo se refiere a la resistencia que tienen los materiales de doblarse sin romperse y volver a su forma original, tal como lo haría una liga que se estira y regresa al tamaño que tenía antes de ejercer fuerza sobre ella.

De ahí que se entienda como la capacidad de tienen las personas a sobreponerse ante las adversidades y más aún, resultar fortalecidas de ellas. Es así que, cuando alguien atraviesa por una crisis, un infortunio o una desgracia y sale airoso de ella, se dice que ha sido resiliente. Por eso la tendencia de apoyo psicológico actual se encausa a ayudar a la gente que atraviesa por ese tipo de eventos a desarrollar la resiliencia para que no sufra daños, por lo menos, no permanentes.

Y es que, de alguna forma, se trata de ver el lado positivo a todas las experiencias y obtener un aprendizaje de ellas. Por supuesto, esto no es posible siempre. Por ejemplo, enfrentar la pérdida de un ser querido, sufrir un accidente, quedarse sin empleo, en fin, podríamos mencionar miles de circunstancias en las que podemos ser puestos a prueba y quizá no lograr enfrentarlas con optimismo.

Para eso se necesita apoyo y entender que se trata de un proceso, como dicen los especialistas en tanatología, hay que pasar por distintas etapas de duelo para llegar finalmente a la aceptación. Por eso es importante acompañar a quien está sufriendo para que logre superar su pena, sea cual sea.

Creo que es útil el tema dada la difícil situación de violencia que atraviesa el mundo. Por todos lados contemplamos muerte y destrucción y no nos es posible darle una explicación convincente a lo que ocurre. Sólo nos queda rogar a Dios que pronto pase y que no nos toque sufrir una desgracia. Porque todos estamos expuestos, por eso debemos ser empáticos con los hermanos que sufren y ser solidarios ante sus necesidades. No es humano alegrarse de la desdicha ajena, sin embargo, basta dar un vistazo a las noticias que circulan en las redes sociales para darnos cuenta del grado de deshumanización que vivimos.

Hay que recordar que estamos como en la rueda de la fortuna, a veces arriba y otras abajo, no sabemos cuando nos tocará sufrir, por eso, tendamos la mano a quienes piden nuestra ayuda y seamos compasivos.

El ser resiliente servirá cuando nos toque atravesar por esas difíciles circunstancias que a todos nos tocará vivir. Pero ojo, no es lo mismo la resiliencia que la resignación. El resiliente sufre, sí, pero no se deja vencer, sale avante de su dolor y vuelve a vivir con entereza. El resignado cree que nada puede cambiar y se convence de que debe dejarse abatir porque las cosas no tienen arreglo.

Por eso, cuando veamos a otro hermano en una situación dolorosa, no le deseemos resignación, mas bien démosle un abrazo y acompañémoslo sinceramente en su pena, para que encuentre pronto consuelo y, superándola, pueda continuar su peregrinar en este mundo. La vida es corta, así que, no nos la hagamos pesada. Aprendamos a ser resilientes, enderecémonos y sigamos adelante porque cada día que pasa, la meta está más cerca.