David Mzee se rompió el cuello en 2010. En esa época estudiaba en la universidad en Zúrich y era un atleta al que le gustaban los riesgos. Hizo un salto mortal desde un trampolín hacia un cojinete de hule espuma. “El cojinete no hizo su trabajo”, dijo.

Mzee ahora tiene 33 años. Es uno de tres hombres que se quedaron sin poder usar las piernas por lesiones espinales y que ahora son capaces de caminar sin apoyo, aunque sea por poco tiempo, con ayuda de un implante similar a un marcapasos.

El hito, reportado por científicos a finales de octubre, es el logro más reciente en la batalla para entender y poder tratar estas lesiones. En varios estudios recientes se ha logrado recuperar la motricidad de pacientes paralizados o parcialmente paralizados por medio de estimulación eléctrica a la médula espinal.

El reporte, publicado en la revista Nature, es la primera muestra de esta llamada estimulación de patrones: un implante manda ráfagas dirigidas a los músculos que se quieren movilizar. Los estímulos se dan cuando se requieren, tal como un cuerpo sano manda señales.

El tratamiento sigue siendo experimental y no queda claro qué tan efectivo sería para otras personas con parálisis parcial o completa. Los tres hombres de esta prueba aún tenían sensación en las piernas antes del ensayo clínico y requirieron meses de entrenamiento intensivo para poder dar los primeros pasos. Aún dependen de sus sillas de ruedas y dos de ellos pueden caminar por algún tiempo con ayuda de andaderas.

Cada uno de los hombres que recibió el tratamiento experimental ha aprendido a mover músculos antes inactivos con ayuda del implante, lo que sugiere que la estimulación eléctrica ha promovido que los nervios vuelvan a crecer y formar redes.

“Al principio todo era nuevo y, por supuesto, emocionante, pero fue muchísimo trabajo para poder ver alguna diferencia”, dijo Mzee. “Iba a casa después de una sesión de rehabilitación y caía directo a la cama. Con el tiempo se hizo más fácil conseguir el movimiento que quería y el paso más grande, en mi caso, fue cuando pude moverme por primera vez sin apoyar las manos en la caminadora. No había podido hacer eso por tanto tiempo, fue increíble”.

Chet Moritz, científico neurólogo de la Universidad de Washington que no estuvo involucrado con el estudio, dijo que los resultados son muy prometedores.

“Lo más emocionante es que sí renuevan la promesa de que lesiones de médula espinal pueden ser curadas al punto de recuperar la caminata y que muchos movimientos se mantienen incluso cuando se apagan los estímulos”, dijo.

Otros investigadores señalaron que el estudio es pequeño y que los pacientes tenían parálisis parcial. “Aún falta mucho para que la gente pueda acceder a esto como parte de un cuidado médico estándar”, recalcó la doctora Kimberly Anderson, profesora de física médica y de rehabilitación en la Facultad de Medicina de la Universidad Case Western Reserve. Recalcó que los resultados son esperanzadores, pero que temas como costear la rehabilitación a largo plazo se complicarían.

En los últimos años, los investigadores han utilizado implantes cerebrales —chips de electrodos puestos debajo del cráneo en el área motriz de la corteza cerebral— para restaurar el movimiento en personas y primates no humanos que perdieron el uso de alguna extremidad. Otros científicos investigan los factores neurotróficos o de crecimiento nervioso, proteínas que se inyectan en el sitio de una lesión para promover la reparación de los nervios.

Los autores del nuevo estudio ya habían reportado que las ratas que perdieron el uso de las patas traseras podían reentrenarse para correr de nuevo si se les aplicaba electricidad continua desde la espina dorsal a los músculos. Otros equipos reportaron que la estimulación continua también podría restaurar algo de movimiento en pacientes humanos.

Sin embargo, en las personas la estimulación continua parece enviar señales confusas a los músculos; activa unos pero los otros, no, de acuerdo con un texto de acompañamiento al nuevo reporte publicado en Nature Neuroscience.

“La clave ahora es optimizar la tecnología y las posiciones de las conexiones nerviosas”, dijo Gregoire Courtine, el principal autor del nuevo reporte. “Cuando no has caminado por muchos años tienes que aprender a volver a hacerlo”.

El tratamiento empezó con una intervención quirúrgica en la que los doctores implantaron un parche de electrodos en la superficie de la espina dorsal, en la espalda baja, debajo de donde había ocurrido la herida de cada hombre. Ese parche fue conectado al aparato similar al marcapasos, que fue posicionado sobre el abdomen.

Cuando se prende el aparato, este libera los estímulos en ráfagas a los músculos individuales conforme se requiera. Así, si la intención es levantar la rodilla el patrón que dispara los nervios es uno distinto al de dar un paso al frente. Con ello, el aparato maneja patrones como los de la estimulación normal antes de la lesión.

Con el tiempo, con ayuda de terapia física intensiva y el uso de una caminadora con agarraderas, la estimulación parece acceder a la corteza motriz del cerebro por medio de los nervios que libraron la atrofia por la lesión, explicó Courtine.

“En los estudios con animales, la reorganización del cerebro fue enorme”, dijo. “Hubo muchas nuevas conexiones desde la corteza al tallo cerebral”.